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Mamá no puede, pero Dios sí

El firme llamado a congregarnos

 

“Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca”.

(Hebreos 10: 24-25 NVI)

¿Cómo te estás sintiendo en este tiempo de pandemia y cuarentena, en el cual no podemos congregarnos? Podemos pensar en muchas palabras para dar una respuesta: tristes, angustiadas, deseosas de que todo pase, tranquilas o acostumbradas. Y podemos seguir con la lista. ¿Te cuento cómo me siento yo? ¡Deseosa de que todo esto pase! Amo mi iglesia local y amo la comunión con mi familia en la fe. Extraño vernos, abrazarnos y compartir tiempo juntos, sirviendo y adorando a nuestro Gran Dios.

Si, por otro lado, vos estás en un estado de comodidad en el que ya te acostumbraste a ver la reunión desde tu casa por internet cada domingo y si, incluso, pensás que es una buena idea seguir así, dejame animarte con la Palabra de Dios, para que el hecho de no congregarse no se te vuelva una costumbre.

Primero, debemos definir algo importante: ¿Soy cristiana? El diccionario bíblico define el término “cristiano” de la siguiente manera: “Término híbrido que combina el título griego jristos con la terminación latina ianus, y que significa ‘partidario’ o ‘seguidor’ de Cristo”.1 La biblia nos enseña que ser cristiana significa que soy una pecadora redimida y reconciliada con Dios por medio de Cristo. Soy declarada justa por sus méritos y en Él obtengo libertad de mis pecados: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8: 1). Además, ser cristiana significa que también fui reconciliada con el pueblo de Dios; es decir, con todos aquellos que ahora son sus hijos. Leamos lo que dice Efesios 2: 14-16: “Porque Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación… para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ellas las enemistades”. “En un sentido espiritual, una persona nueva en Cristo ya no es judía, ni gentil, solo cristiana”.2 Si seguimos leyendo el capítulo 2 de Efesios, vamos a encontrar diferentes analogías en varios versículos, que describen esta nueva relación en Cristo. Por ejemplo, la palabra “cuerpo” (v. 16); “conciudadanos” y “miembros de la familia de Dios” (v. 19); y “templo santo” (v. 21), entre otras.

En cuanto a esto, consideremos dos términos. El primero es “familia”. En Efesios 1: 5 leemos, “habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo”. En Cristo somos una familia que forma un solo cuerpo y no una disfuncional, con sus miembros lejos los unos de los otros. La palabra “familia” nos habla de una intimidad en las relaciones y de una identidad compartida. ¡Tenemos que tratarnos como hermanos!

El segundo término es “cuerpo”. En Romanos 12: 4-5 leemos, “Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros”. De alguna manera, Dios ve a los cristianos como nosotros vemos al cuerpo humano con sus muchas partes. Dios ve a la iglesia local como un solo cuerpo con sus diferentes miembros. Asimismo, Dios, en su soberanía, nos concedió un don para que la iglesia funcione eficazmente de esta manera. Podemos decir que todos tenemos diferentes funciones, pero que, a su vez, dependemos los unos de los otros. Esto mismo es para provecho y beneficio de todos (1 Corintios 12: 7).

¿Te das cuenta de que no podemos separar el hecho de ser cristianas de la vida en la iglesia? Ser reconciliadas con Dios significa que también somos reconciliadas con su pueblo. Estar unidas a Cristo significa estar, además, unidas a todo cristiano. ¡Es una unión universal! Dios nos da la oportunidad de comportarnos como familia y como un cuerpo en la iglesia local.

Estamos incompletas sin nuestra iglesia, ya que es allí donde podemos, como una gran familia, usar nuestros dones para estimularnos e incentivarnos al amor y a las buenas obras. La iglesia congregada es el lugar perfecto para que un grupo de pecadoras reconciliadas con Dios por medio de Cristo pueda mostrar al mundo que sus vidas han sido transformadas. Por eso, debemos mostrar disposición para perdonar, tolerar, animar, consolar, fortalecer, amar y servir, comprometidos los unos con los otros. Así, las personas que entren a nuestra iglesia podrán ver la belleza de nuestro Salvador en nuestras relaciones.

Mi amada, te animo a que este tiempo sin congregarnos no se te haga un hábito. Es importante que entendamos cuánto necesitamos de la predicación de la Palabra, de la celebración de la Santa Cena, de los bautismos y, a la verdad, cuánto nos necesitamos los unos a los otros. Que podamos decir, al igual que el salmista, “Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos” (Salmos 122: 1). ¡Dios te bendiga en gran manera!

Escrito por Cecilia Koliweszka




1 Diccionario Bíblico. https://diccionariobiblico.net/

2 Comentario de John MacArthur correspondiente al libro de Efesios, Cap. 2, versículo 15. En Biblia de estudio John MacArthur.


Bibliografía utilizada:

        Leeman, J. (2012). La membresía de la iglesia (Church Membership). 9Marks  (Edición en español).

        Dever, M. (2016). ¿Qué es una iglesia sana? (What is a Healthy Church?). 9Marks (Edición en español).

        Challies, T. (2 de diciembre de 2015) Por qué puedes ser tentado a abandonar tu iglesia. Coalición por el Evangelio. https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/por-que-puedes-ser-tentado-a-abandonar-tu-iglesia/

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