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Transformadas por medio de su Palabra



Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
Romanos 12:1-2
En su carta a los romanos, después de enseñar en forma extraordinaria acerca de la Gracia que nos ha sido otorgada en Cristo, el apóstol Pablo nos habla acerca de lo que debería ser una respuesta lógica ante tanta misericordia recibida. El texto es claro, ¡no se trata de recibir más, sino de entregarlo todo! Cristo se entregó al Padre por nosotras, a fin de que nosotras pudiéramos entregarnos de lleno a Él. Con sus palabras lógicas de persuasión, Pablo nos muestra que nuestro acto supremo de adoración consiste en ofrecernos a nosotras mismas como sacrificio vivo, santo y agradable al Señor de manera total y continua.
Pablo nos enseña que Dios nos bendijo con toda bendición espiritual en Cristo (Efesios 1:3), y que en Él estamos completas (Colosenses 2:3-10). De forma similar, Pedro, en su segunda carta nos dice que mediante el conocimiento verdadero de Cristo que lleva a la salvación, tenemos todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad (2 Pedro 1:3). Además, contamos con la ayuda del Espíritu Santo que, según 1 Juan 2:27, nos enseña todas las cosas. Se nos ha dado todo; no podemos tener más de lo que ya nos ha sido otorgado. Sin embargo, debemos asumir que nuestra nueva y vieja condición están entrelazadas, y que es en el entendimiento donde elegimos si vamos a expresar nuestra nueva naturaleza con una vida santa o permitir que la humanidad carnal actúe en contra de la santidad de Dios.
El verbo traducido “conforméis”, alude a una expresión o apariencia externa que no refleja lo que hay en el interior. La voz pasiva y el modo imperativo demandan la siguiente traducción: “no permitan que el mundo que las rodea las coloque, por la fuerza, en su propio molde”. En otras palabras, no debemos permitir que la influencia de este mundo, que vive a espaldas de Dios, llegue a convencernos de que lo más conveniente es seguir sus patrones de vida. Ya fue suficiente y terrible el tiempo que vivimos sin Dios en este mundo como para elegir volver a conducirnos de esa manera. Ahora se nos ha dado una nueva naturaleza (2 Corintios 5:17), un nuevo hombre que se goza en la santidad para con Dios y en la justicia para con los demás (Efesios 4:24). En consecuencia, el pecado ya no nos divierte, sino que nos duele. Ahora tenemos una sed por Dios que antes no experimentábamos, una necesidad de Dios que sólo se aplaca cuando le buscamos, un nuevo corazón que sólo se goza cuando caminamos en obediencia.
Mi querida hermana, nuestro gozo y satisfacción de este lado del cielo está atado a la santidad y a la obediencia a su Palabra, pero ¿cómo obedecer algo que no conocemos?

Por la misericordia de Dios, vinimos a Cristo en arrepentimiento y fe; sin embargo, lo hicimos cargando con un bagaje cultural de ideas alojadas en nuestra mente que necesitan ser renovadas con la Palabra de Dios. Para describir esta renovación espiritual, Pablo utiliza un verbo griego que denota un cambio interior que a su vez se refleja en un cambio exterior. Lo que Pablo quiere decir es que nuestra naturaleza interior redimida debe manifestarse en una conducta exterior que avance en el camino de la santificación progresiva. A la luz de todo lo expuesto, debemos concluir que el cambio interior se produce sólo por medio de la renovación de los pensamientos, a través de la meditación en las Escrituras. Sin embargo, no se trata de una experiencia instantánea, o de “efecto microondas”, dónde te sentás y leés la biblia un día y sos mágicamente transformada. Nuestros corazones son engañosos y seguimos luchando todos los días con nuestra carne, naturaleza caída, o en palabras de Pablo, con nuestro “cuerpo de muerte”. Necesitamos renovar la mente con la Palabra de Dios todos los días. Se trata de un proceso en el que debemos trabajar diariamente, mediante el cual, Dios santifica en forma progresiva nuestra manera de pensar y, en consecuencia nuestra forma de vivir, para su gloria y nuestro gozo.
Para finalizar, las invito a reflexionar sobre el siguiente fragmento extraído del libro “Mi querido Timoteo”, editado por Thomas Ascol:
«Timoteo, nosotros no somos como máquinas automáticas que pueden funcionar todo el día con una sola carga. No espero que mi devocional de la mañana me sostenga a las 14:30 de la tarde, ni aún siquiera hasta las 11:00 de la mañana. Todo el día, todos los días, necesito seguir dirigiendo mis pensamientos a Dios, continuar ofreciendo gratitud por innumerables evidencias de gracia, y seguir echando mis cargas en aquél que se ocupa de mí con un perfecto amor y fidelidad.»

Escrito por Alicia Merino.


Bibliografía consultada:
- MacArthur, J., (2003). Comentario del Nuevo Testamento. Romanos. Michigan, Editorial Portavoz

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